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Tim Robbins y su trabajo en ‘Here and Now’

Foto: Cortesía

El actor, ganador de un Oscar, nos habla de su trabajo en la exitosa serie de HBO que combina el drama y la comedia ‘Here and Now’, en la que intepreta a Greg Boatwright.

 

La serie cuenta la historia de una familia multirracial contemporánea, cuyo padre interpretado por Robbins es un profesor de filosofía, su esposa ejerce como abogada y tienen cuatro hijos, uno biológico y los otros tres adoptados de países diferentes: Somalia, Vietnam y Colombia. Sin embargo, esta familia aparentemente perfecta y progresista es mucho más de lo que parece a simple vista.

 

 

Greg es un personaje increíblemente complicado. ¿Qué te atrajo cuando te ofrecieron ese papel?

 

Tim Robbins: Cuando leí el guión me encantó la manera en que Alan no sólo contaba la historia de una familia complicada, si no lo que somos nosotros, todos nosotros, ahora, en este país. Me fascinó el lienzo sobre el que pintaba y su nivel de entendimiento de las complejidades morales de los seres humanos. Me identifico con mucho de lo que hay en el personaje de Greg –el fastidio por envejecer, la desilusión de las personas que han trabajado en pro de causas progresistas y que viven en ‘los Estados Unidos’ de Trump–.

 

¿Con qué parte de Greg te sentiste más identificado?

 

TR: Me sentí identificado con su desilusión, con esa sensación de traición –probablemente tendría una forma diferente de lidiar con eso a como lo hace Greg–, pero eso no cambia mi opinión sobre la importancia de contar esta historia.

 

¿En qué medida la crisis existencial de Greg se relaciona con la desilusión y la traición y cuánto tiene que ver con la edad?

 

TR: Es una combinación de todo lo anterior –la edad, el temor a la muerte–. Creo que estamos obsesionados con la juventud en este país, la idea de que hay más sabiduría en los jóvenes que en la experiencia. Pero, parte de esto es autoinfligido pues considero que las personas adquieren compromisos en sus vidas que aniquilan su idealismo, su espíritu y su voluntad de lucha. En los jóvenes, en cambio, hay pureza y pasión.

 

Alan Ball sostiene que el envejecimiento resulta más duro para los hombres que para las mujeres. ¿Piensas que tiene razón?

 

TR: Diría que hay muchas mujeres que no estarían de acuerdo, pero entiendo cuál es su planteamiento. Los hombres tendemos a pensar que somos inmunes. Y entonces te pega y te pega duro. Sospecho que la razón por la que se deprime la gente y sufre crisis existenciales se relaciona con nuestra visión sobre lo que nos parece una vida exitosa. Los mensajes que recibimos desde que usamos pañales resultan ser, en muchos casos, una meta inalcanzable. No todos seremos millonarios al cumplir los cuarenta ni tampoco se nos homenajeará a todos. Y si esa es la vara con la que medimos, resultará casi imposible de superar. Y como es tan infranqueable, muchos se quedan con esa sensación de fracaso. Y lo irónico en todo esto es que aún aquellos que tienen la suerte de alcanzar ese tipo de éxito tienen los mismos sentimientos de fracaso. Pienso que la respuesta a todo esto yace en la búsqueda de la plenitud por caminos diferentes a los que nos marca la sociedad.

 

¿Qué ofrece hoy la televisión a diferencia del cine en cuanto a roles?

 

TR: Hace poco hice un maratón Handmaid’s Tale y me encantó. Lo que me gusta de ese formato –y me fascinó también en The Brink– es que son series de diez capítulos de media hora que constituyen una película de cinco horas. Y si son diez horas, se convierte en una película de 10 horas. Y, si hace 15 años me hubieras dicho que en 2018 habría un montón de directores y guionistas haciendo películas con una duración de 10 horas, hubiese pensado que estabas loco. Pero eso es lo que sucede en esencia y es algo que me entusiasma. Es posible el formato más largo, y la gente mira una serie durante diez horas seguidas y eso está genial. Y cada partecita individual de ese todo tiene un principio, un desarrollo y un final. Recuerdo haber ido en los ‘80 a ver una película que duraba ocho horas y haber pensado en ese momento que era algo sorprendente, aunque nunca me imaginé que sería posible.