Search for content, post, videos

No toda la sal sala igual

Foto: Unsplash.com

¿Eres de los que le ponen mucha sal a todo o por el contrario te cuidas al extremo de no condimentar de más tus alimentos? En este sabroso tema aplica la misma regla que para la mayoría de las cosas en la vida: no hay que exagerar, los extremos son malos.

 

Diversos estudios médicos indican que nuestro organismo necesita una moderada cantidad de minerales como la halita, que así se llama la sal en su forma natural. Su sabor se lo dan los océanos de donde proviene. El problema es que a la conocida como sal de mesa o refinada se le añaden sustancias no del todo benéficas como yoduro de potasio, el cual para hacerlo estable se le añade dextrosa –una especie de azúcar– que la vuelve oscura; para aclararla se agregan diversos agentes químicos, aditivos y compuestos de aluminio. Pero no te espantes, hay opciones.

 

Sabor a la vida

Si quieres ponerle más que una pizca de chispa a tu dieta, entonces lo recomendable es usar sal de mar, la que viene del océano y es cristalizada por el sol y el viento. No tiene químicos artificiales y sí rica vida marina microscópica y elementos que te benefician como magnesio o yodo. Se extrae de minas o rocas y tiene un sabor más fuerte que la sal de mesa, por lo que necesitas menos cantidad del ingrediente parahacer sabrosas tus comidas.

 

Foto: Unsplash.com

Hay otras sales, muy exóticas, como la gourmet “flor de sal”, que se disuelve muy fácilmente y es la favorita de la mayoríade los chefs, porque es menos salada, mezcla bien y claro, es algo costosa.

 

También está la sal del Himalaya, que se diferencia por ser rosada, se extrae de minas que hace miles de años fueron mares. No toda esa sal proviene de la famosa cordillera asiática y a veces no tiene todas las propiedades que promete, pero se ve bonita y luce bien en la cocina o en la mesa.

 

Otros tipos son la sal negra de la India –contiene azufre que le da el interesante color–, la sal roja de Hawái que adquiere la tonalidad luego de mezclarla con vegetales y ahumarla, o varias marcas comerciales que se pueden conseguir en almacenes y que aseguran tener menos sodio, como la finlandesa PanSalt, que dice tener sólo poco más de la mitad de cloruro de sodio que la sal de mesa.

 

Ponle poca y bebe agua

Foto: Unsplash.com

En resumidas cuentas, sí tenemos opciones para no tener comidas desabridas. Sólo debemos elegir la mejor, como la sal de mar, que sí tiene ventajas, eso si pero cuidando ­­­­­un par de aspectos: evitar el abuso –máximo 2,000 miligramos al día, o sea una cucharadita–, y tomar agua diario, unos dos litros mínimo para balancear nuestras células y que no se vean en la necesidad de retener líquidos.